En Alemania no sólo se bebe cerveza

Franconia es una de las regiones de Alemania con más tradición vitícola y Würzburg, con sus colinas repletas de viñedos, una de las ciudades que mejor la representan. Para celebrarlo, cada año tiene lugar la “Nacht der offenen Weinkeller” y las bodegas de la ciudad estuvieron abiertas de 18h a las 24h para que pudiéramos visitarlas y disfrutar de sus vinos.

Yo me acerqué a la de Juliusspital, que encierra 430 años de historia y es una de las más grandes.

Juliusspital fue fundada por un obispo en 1576

Juliusspital fue fundada por un obispo en 1576

La bodega ha formado parte de la base económica de la fundación Juliusspital desde que fue fundada por el obispo Julius Echter en 1576.

Más información en http://www.juliusspital.de

Detalle del grabado de una barrica de 2000.

Detalle del grabado de una barrica de 2000.

Aterrizando

Lo bueno de los aeropuertos es que todos se parecen. Cuando vas con la intención de instalarte en un país que has pisado sólo un par de veces en tu vida, con un idioma que apenas hablas y menos aún entiendes, llegar a un sitio culturalmente aséptico… hasta se agradece. Uno se evita el primer choque cultural en los nervios de la llegada y es capaz de seguir las indicaciones sin mucho problema. En mi caso, una vez reunido mi equipaje (recuento: maleta gigante facturada, maleta de mano, bolso grande), mi objetivo era la estación de tren del aeropuerto. Fue fácil de encontrar, lo que no resultó tan sencillo fue bajar las escaleras mecánicas con las dos maletas…

Para llegar a la estación de tren tuve que cambiarme de terminal. El aeropuerto de Frankfurt cuenta con un invento genial para cambiar de terminal que llaman Skyline. Es una especie de metro eléctrico sin conductor y exterior (de ahí el nombre, imagino). A mí me gustó… pero creo que cuando mi madre venga a visitarme se llevará un pequeño susto.

Cuando llegué a la estación, había bastante cola para sacar el billete en las máquinas. Incluidos un grupo de españoles que no sé qué problema tenían con el cambio. Viendo que lo de las máquinas no estaba muy claro, preferí irme a la atención personalizada, la verdad que hasta había menos cola y todo. Me atendió un señor que parecía uno de los enanitos de jardín que tanto les gusta a los alemanes. Aunque ya había oído al señor hablar en inglés, prefería saludarle en alemán y preguntarle en su idioma si hablaba inglés. La respuesta fue afirmativa y creo que al señor le gustó mi gesto de hablarle en alemán. Conseguí que entiendera mi manera de pronunciar mi futura ciudad a la primera, con lo que me sentí bastante realizada. No me sentí tan bien cuando me dijo el precio del tren: 39euros por un trayecto de hora y media. Por lo menos señor me explicó todo la mar de bien y por fin llegué al andén 5, con 20min por delante para esperar mi tren comiéndome el último bocadillo de chorizo ibérico que veré en mucho tiempo.